Migrar no es solamente cambiar de país. Es dejar atrás una casa, un idioma, un paisaje, una forma de saludar y una red de personas que sabían quién eras sin tener que explicarlo. A ese conjunto de pérdidas se lo llama duelo migratorio, y muchas veces se atraviesa en silencio, mientras la vida cotidiana exige seguir funcionando.
En el episodio #8 de Impacto Migrante, Carla Parola conversa con Liliana Baylon, terapeuta bicultural y bilingüe especializada en trauma, identidad y relaciones multiculturales, y fundadora de Healing Relationships Counseling Services. Juntas exploran algo que suele quedar fuera de la conversación: qué pasa cuando el duelo migratorio no lo vive una persona sola, sino una familia entera y varias generaciones al mismo tiempo.
En este artículo recorremos las ideas centrales de esa conversación: qué es el duelo migratorio, por qué a veces se vuelve extremo, cómo se transmite entre generaciones y qué herramientas existen para acompañarlo.
En este contexto, las evaluaciones psicológicas para inmigración pueden ayudar a documentar el impacto emocional que ciertas experiencias migratorias generan en una persona o en su familia. No reemplazan el trabajo de un abogado de inmigración, pero pueden aportar información clínica relevante en casos atravesados por miedo, separación, trauma o incertidumbre.
Además, si necesitas orientación legal, puedes contactarte con nuestro equipo. Con gusto podemos brindarte información de abogados de inmigración con los que trabajamos y que podrían acompañarte en tu proceso.
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Nota importante: esto no es asesoría legal. Para decisiones específicas, lo ideal es coordinar con tu abogado/a de inmigración.
Escucha el episodio completo – Impacto Migrante #8
¿Qué es el duelo migratorio?
El duelo migratorio es el proceso emocional que atraviesa una persona cuando deja su país de origen. Se parece a otros duelos porque implica pérdida, pero tiene una particularidad que lo hace más complejo: es un duelo parcial y recurrente.
Cuando alguien muere, la pérdida es definitiva. En la migración, en cambio, lo que se dejó sigue existiendo: la casa sigue en pie, la madre sigue viva del otro lado del teléfono, el barrio sigue ahí. Eso mantiene el duelo abierto. Una videollamada puede traer alegría y, cinco minutos después, una tristeza enorme.
Por eso muchas personas migrantes describen una sensación difícil de nombrar: no están deprimidas, pero tampoco están del todo bien. Están elaborando pérdidas que no terminan de cerrarse.
El síndrome de Ulises: cuando el duelo migratorio se vuelve extremo
En 2002, el psiquiatra Joseba Achotegui le puso nombre a la versión más intensa de este proceso: el síndrome de Ulises, o síndrome del inmigrante con estrés crónico y múltiple. El nombre viene del héroe griego que pasó años lejos de casa, enfrentando una adversidad tras otra.
Es importante aclarar algo: el síndrome de Ulises no es un trastorno mental. Es una reacción de estrés ante condiciones objetivamente muy duras. La persona no está enferma; está respondiendo de forma esperable a una situación que la supera.
Achotegui describe cuatro factores que lo desencadenan: la soledad forzada por la separación familiar, el miedo sostenido, la sensación de desesperanza ante el fracaso del proyecto migratorio, y la lucha por la supervivencia cotidiana.
Entre los síntomas más frecuentes aparecen tristeza y llanto, ansiedad, insomnio, irritabilidad, dolores de cabeza, molestias digestivas, tensión muscular, fatiga y dificultades de memoria y concentración. Es habitual que la persona llegue primero al médico general por los síntomas físicos, sin conectarlos con lo emocional.
Los siete duelos de la migración
Achotegui identifica siete pérdidas que la migración pone en juego. Nombrarlas ayuda a entender por qué migrar cansa tanto, incluso cuando el proyecto sale bien:
- La familia y los seres queridos: los vínculos que quedaron del otro lado.
- La lengua: hablar todo el día en un idioma que no es el propio agota, y muchas veces impide expresar los matices de lo que se siente.
- La cultura: las costumbres, los códigos, el humor, la comida, la forma de criar a los hijos.
- La tierra: el paisaje, el clima, los olores, la luz.
- El estatus social: profesionales que ejercían su carrera y aquí empiezan de cero.
- El grupo de pertenencia: pasar de ser parte de la mayoría a ser percibido como distinto.
- La seguridad física: los riesgos del trayecto migratorio y de la vida sin documentos.
Casi nadie atraviesa un solo duelo. La mayoría los vive todos a la vez, y por eso el desgaste se acumula.
Cuando el duelo atraviesa generaciones: las heridas que se heredan
Uno de los puntos más potentes de la conversación con Liliana Baylon es que el duelo migratorio no se detiene en quien migró. Se transmite.
Los hijos y las hijas de personas migrantes muchas veces cargan con historias que no vivieron directamente, pero que respiraron en casa: el silencio sobre ciertos temas, la urgencia por rendir y no defraudar, la sensación de estar en deuda con el sacrificio de sus padres, la dificultad para sentirse plenamente de un lugar o del otro. A eso se lo llama trauma intergeneracional o heridas generacionales.
Y hay algo particular en las familias migrantes: distintas generaciones pueden estar atravesando duelos distintos al mismo tiempo. Los abuelos pueden extrañar el país que dejaron; los padres pueden estar peleando por estabilizarse; y los hijos pueden estar tratando de encajar en la escuela. Cada uno está en un proceso diferente, y muchas veces no logran acompañarse entre sí porque ni siquiera comparten el mismo idioma emocional.
De ahí surgen tensiones que suelen leerse mal: se interpretan como conflictos de carácter o falta de respeto, cuando en realidad son duelos desencontrados.
Vivir en estado de alerta: cuando el miedo se instala en la casa
Al duelo migratorio se le suma, hoy, un factor que lo intensifica: la incertidumbre sobre el estatus migratorio y el miedo sostenido a la separación familiar.
Un estudio reciente de la Brookings Institution estimó que alrededor de 146.000 niños y niñas ciudadanos estadounidenses tuvieron a un padre o una madre detenido desde enero de 2025, y que más de 22.000 vieron detenidos a todos los adultos con los que convivían. Pediatras, terapeutas y docentes reportan lo mismo: regresiones en el desarrollo, chicos que dejan de comer, dolores de estómago sin causa médica, problemas de sueño, ausentismo escolar y caída del rendimiento.
En Minnesota, tras los operativos migratorios en el área de Minneapolis, hay familias que llevan meses sin salir de sus casas, sin poder trabajar y con vecinos organizándose para cuidar a los niños. En Arizona, organizaciones de salud del área de Phoenix reportan un aumento de consultas por ansiedad, insomnio y crisis emocionales en familias latinas.
Cuando los adultos viven en estado de alerta permanente, el cuerpo no distingue entre una amenaza presente y una anticipada: el sistema nervioso se mantiene encendido todo el tiempo. Y aunque nadie lo diga en voz alta, los niños lo perciben. Los chicos leen el clima emocional de la casa mucho antes de entender las palabras.
Esto además interrumpe el duelo. Es muy difícil elaborar lo que se perdió cuando toda la energía está puesta en sobrevivir el día.
Los niños y niñas también hacen duelo: cómo hablar con ellos
Una idea que aparece con fuerza en el episodio es que el silencio no protege. Cuando los adultos evitan el tema para no asustar, los chicos igual notan que algo pasa, y llenan el vacío con explicaciones propias, casi siempre peores que la realidad. Muchos concluyen que la culpa es de ellos.
Algunas orientaciones generales que suelen ayudar:
- Nombrar lo que ocurre con lenguaje adecuado a la edad, sin detalles que excedan lo que pueden procesar.
- Validar la emoción antes que explicarla: “tiene sentido que estés triste” abre más puertas que “no pasa nada”.
- Sostener rutinas y anticipar los cambios. La previsibilidad es lo que más regula a un niño en contextos de incertidumbre.
- Permitir que extrañen y hacerle lugar a lo que quedó atrás: fotos, comidas, música, videollamadas con la familia.
- No prometer lo que no se puede garantizar. Es preferible “no sé qué va a pasar, pero vas a estar acompañado” que una promesa que quizá no se cumpla.
- Cuidar al adulto también es cuidar al niño. Un cuidador regulado es el mejor recurso emocional que un chico puede tener.
Herramientas terapéuticas: EMDR, terapia de juego y trabajo con el cuerpo
En el episodio, Liliana Baylon comparte su mirada sobre algunos enfoques que suelen usarse para acompañar procesos de trauma, distancia y duelo interrumpido.
EMDR
El EMDR (Desensibilización y Reprocesamiento por Movimientos Oculares) es un abordaje que trabaja sobre recuerdos que quedaron “atascados” y que siguen activando la misma respuesta de alarma cada vez que aparecen. No borra lo vivido: ayuda a que el recuerdo deje de invadir el presente con la misma intensidad.
Terapia de juego
Los niños pequeños no cuentan lo que les pasa con palabras, porque todavía no tienen ese recurso. Lo muestran jugando. La terapia de juego usa ese lenguaje natural para que puedan expresar y elaborar experiencias de miedo, separación o desarraigo.
Trabajo con el cuerpo
El trauma y el duelo no viven solo en los pensamientos: se registran en el cuerpo como tensión, insomnio, dolores o dificultad para respirar profundo. Los abordajes somáticos trabajan sobre esas señales para ayudar al sistema nervioso a salir del estado de alerta.
Terapia bilingüe y culturalmente sensible
Poder hablar en el idioma en el que ocurrieron las cosas cambia el proceso. Muchas personas logran nombrar en su lengua materna aquello que en inglés se les vuelve inaccesible. Y trabajar con alguien que entiende los códigos culturales de origen evita tener que traducir y explicar el contexto cada sesión.
Cuando una evaluación psicológica para inmigración puede aportar
Además del acompañamiento terapéutico, en algunos casos el impacto emocional de estas experiencias puede documentarse profesionalmente. Una evaluación psicológica para inmigración permite dejar por escrito, con criterio clínico, cómo el miedo, la separación familiar, la violencia, la persecución o la incertidumbre afectaron a una persona o a su familia.
Este tipo de evaluación puede ser útil en procesos como asilo, VAWA, Visa U, Visa T, cancelación de remoción o perdones por dificultad extrema, entre otros casos donde el impacto psicológico sea relevante para la estrategia legal. La decisión sobre si corresponde y en qué momento presentarla siempre la define tu abogado de inmigración.
El duelo migratorio no es debilidad ni falta de gratitud por las oportunidades nuevas. Es la respuesta esperable a haber dejado atrás una vida entera. Y cuando se lo puede nombrar, compartir y elaborar, deja de transmitirse en silencio a la generación siguiente.
En Carla Parola Counseling acompañamos a personas y familias migrantes desde una mirada profesional, bilingüe y culturalmente sensible, y realizamos evaluaciones psicológicas para inmigración centradas en la historia de cada persona.
Porque detrás de cada proceso migratorio hay más que un trámite. Hay una historia, una familia, una identidad y un futuro que merecen ser comprendidos con cuidado.